La Memoria
Códices novohispanos, tlahcuiloque y memoria colectiva de los pueblos indígenas del México virreinal.
Durante el virreinato, la tradición pictográfica mesoamericana incorporó el alfabeto, creando los Códices novohispanos donde se depositó el legado e historia tlaxcalteca. Los pictogramas demuestran la permanencia de la cultura prehispánica. Para finales del siglo XVIII este arte se extinguió.
Los escribanos —tlahcuilo en náhuatl— heredaron artes de dos mundos. Instruidos en conventos, estudiaban gramática, aritmética, religión, música y escritura alfabética y pictográfica. Gozaron de buenos salarios y tierras, como retrata el Códice Cuetlaxcohuapan.
En el siglo XVIII se fabricaron copias de códices deteriorados con tratamientos de envejecimiento artificial. Fueron rechazados en juzgados por apócrifos. Gaspar Miguel, autor de la Genealogía de don Francisco, fue encarcelado como «fabricante de instrumentos».
Papel amate y europeo, telas de algodón, ixtle y lino como soportes. Pigmentos de grana cochinilla, muictliel zacatlaxcalli y añil. En los códices tardíos desapareció el contorno negro previo al color.
Indígenas, mestizos y europeos escribieron sobre el nuevo mundo. Obras como la de Tadeo de Niza se perdieron; otras conservan las voces de quienes vivieron la fundación del virreinato.